Nunca es tarde.

Parece que he tardado en arrancarme a escribir algo, por suerte dicen que nunca es tarde. La verdad es que entre unas cosas y otras, cualquier excusa es buena para decir “no tengo tiempo”, aunque lo cierto es que siempre he pensado que el tiempo se saca si uno quiere.

Han pasado exactamente 18 días desde que comenzó “la aventura”, y aunque ha habido momentos de todo, no puedo estar más feliz de la decisión que tomé cuando decidí venir, y la verdad es que estos días han pasado como un suspiro.

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Los primeros días fueron más bien como un torbellino entre nombres y caras nuevas, pero poco a poco ese torbellino se ha asentado para formar parte de mi rutina. En estas casi tres semanas cargadas de experiencias me ha dado tiempo a darme cuenta de que soy capaz de muchas cosas, entre ellas, de seguir una clase en inglés de más de hora y media y conseguir enterarme, o al menos eso creo. Como siempre todo es adaptarse: piso nuevo, Universidad nueva, compañeros nuevos, amigos nuevos… cambios, cambios y más cambios. Pero la verdad, sin esos cambios no sabríamos decir qué nos gusta y qué no, por eso siempre he sido partidaria de ellos.

Está claro que cuando se está lejos de casa intentas formar tu propia “familia” allí donde vas, ya tengo la experiencia de mis dos años en Granada, donde no he podido encontrar a gente mejor de la que tengo, pero cuando estás a cientos de kilómetros se nota mucho más que la gente necesita sentirse como en casa. Lo bueno de esto es que te quedas con lo mejor de cada uno, con lo que realmente aporta, porque nadie viene aquí a pasarlo mal y a estar enfadado con la vida, eso está claro, y eso hace la experiencia más bonita todavía. Es increíble en dos semanas la cantidad de culturas que he conocido, la cantidad de formas de ver la vida, de hacer las cosas diferentes, de enseñar, de relacionarse, de organizarse… Me sorprende que estando en un mundo tan conectado, existan tantas diferencias en cuanto a formas de vivir, pero es bonito aprender y sobre todo respetar la forma de ser, y de hacer, de cada uno.

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Además, me ha dado tiempo a hacer mi primer viaje por aquí, Rotterdam fue la afortunada, y debo decir que me sorprendió bastante. No pensé que me fuera a gustar tanto y la verdad es que además de la compañía, que también influye, el destino me encantó. Espero que haya sido el primero de muchos, aunque no estuviera la otra mitad de este blog con el que seguro me esperan muchos destinos como este. También, ha sido el primer viaje que me he dedicado a grabar, espero que pronto pueda editar y publicar el video, ya que es un reto que me puse antes de venir, grabar todo lo que pueda para luego recordar esos viajes, sobre todo los momentos que ya no se repetirán.

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No es todo de color de rosa obviamente, también están los días grises en los que echas más de menos tu casa, tus amigos de siempre, el autobús que coges todos los días, las charlas bajando de la facultad, lo que se suele llamar tu “zona de confort”. Esos días que a mi me encanta llamarles “días rojos” en los que echas de menos absolutamente todo, pero que en un rato de Skype parece que incluso los kilómetros son más cortos, aunque en realidad solo sea cosa de mi imaginación.

Sé que esto es una experiencia temporal y por eso para disfrutarla hay que exprimirla al máximo, porque los días como ya he dicho al principio, vuelan.

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No quiero despedirme sin dedicarle esta primera entrada al impulsor de este blog y sin darle las gracias por creer en esto. Y sobre todo, sin desearle suerte en su “aventura” personal que empieza mañana y que estoy segura que solo le hará crecer más como persona, y que sabrá disfrutar al máximo. Plzen te espera con los brazos abiertos, espero que tú la recibas con la mente bien abierta y que llegues con las mismas ganas con las que yo llegué aquí.

Con amor desde Eindhoven.

“De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a mirar con otros ojos”.

Mario Benedetti.

T.

Primer viaje.

Antes de partir, veo necesario dar una explicación sobre el nombre de este baúl que guardará nuestros paseos por los rincones más espectaculares de Europa. El nombre de “Últimos viajes con Teresa” se inspira en la obra ambientada en la Barcelona del s.XX escrita por Juan Marsé:”Últimas tardes con Teresa”. Tiene un significado especial para mí, puesto que conocí a la otra mitad de este blog cuando estudiaba literatura para selectividad, quedando señalada en un recuadro esa obra, la única que recuerdo de todos los nombres que había que estudiar.

Ni mucho menos serán los últimos viajes con Teresa, sino que, por el contrario, serán los primeros de los muchos que espero realizar a su lado, pero el título guarda relación, ya que cada viaje lo disfrutaré como si del último se tratase porque nunca sabremos si volveremos a esa ciudad o, si cuando volvamos, la ciudad ya no está, eso sí, lo que no contemplo es la posibilidad de volver solo a una ciudad. 

Aproximadamente 700 kilómetros de distancia entre nuestros destinos. Pendientes del destino, y los destinos, tendremos que estar, leyendo noticias todos los días, mirando el mapa casi tantas veces al día como el teléfono, que nos servirá para compartir nuestras vivencias y tenernos cerca, teniéndonos lejos.

No voy a extenderme mucho más, quedan muchas líneas por escribir y muchos momentos por vivir, a tu lado. 

Tienes la palabra,

M.Á.